Escucha ahora

  • Del puente pa' allá

Música, sonrisas y un renacer

Ago 19, 2015 Últimas Noticias

Por: Valentina Cortés Villegas

La vi cantar una canción de su autoría en el Foro “Mujeres del Oriente de Cali de cara a sus realidades”. Una melodía al mejor estilo del Pacífico, que es homenaje a las mujeres que han superado sus dificultades y cada día luchan por sus derechos y su bienestar. La vi sonreír y contagiar de alegría a quienes la rodeábamos.

Con entusiasmo, al finalizar el evento, le pedí su número y hoy estoy aquí, escribiendo el producto de una entrevista que resultó ser más un monólogo que otra cosa. En periodismo me han enseñado a “ganarme al entrevistado” y a llevar el hilo conductor; por eso, esa mañana de sábado llegué hasta la Casa Cultural El Chontaduro con el ánimo exclusivo de entablar una relación de confianza que me permitiera volver otro día para descubrirla en serio. Pero ella no dejó seguir los protocolos de la profesión, y como una flor de loto, empezó a abrirse: me contó su vida como si yo fuera una vieja amiga que hubiera dejado en el camino poco después de nacer. Con una confianza que me sorprendió, se sacudió una vez más de esa historia de vida y resistencia que le tocó vivir.  Jamás imaginé que la vida de Maria Elvira o Brigitte (como le dicen de cariño), estuviera llena de tantos sucesos que al parecer, solo ella pudo superar.

Es una tumaqueña de 51 años que abandonó su tierra cuando aún estaba muy joven. A la edad de 12 años llegó a Bogotá en busca de oportunidades para estudiar, y sobre todo, para escapar de la violencia tanto física como psicológica de la que era objeto en su casa, sólo por ser mujer. Sin embargo, al llegar a la capital se encontró de todo, menos una mejor vida.

En la soledad propia de una persona migrante y gracias a la testarudez característica de la adolescencia, conoció las drogas. Trabajó desde muy joven en ‘casas de familia’ haciendo aseo para solventar sus gastos y también para consumir. La violencia, de la que había salido huyendo, se intensificaba cada vez más. Quienes fueron sus patrones encarnaron lo peor de la clase alta bogotana: la soberbia y la altivez con que la trataban eran simplemente la muestra de lo perverso que pueden llegar a ser los humanos cuando se sienten más fuertes al lado de alguien vulnerable.

Soportó 8 años esa situación, pero la vida la hizo regresar a Tumaco. Su familia ya no vivía ahí. Era la época plena de la violencia en Colombia, y era obvio que los habían desplazado. La soledad se resistía a abandonar a esta mujer que decidió ser dama de compañía para los barqueros que llegaban al puerto de Buenaventura, y entre tantas aventuras conoció al primer amor de su vida: un hombre que manejaba una balsa en recorridos turísticos. Él también era drogadicto y cuando estaba bajo los efectos de las sustancias, se convertía en un monstruo que la maltrataba física y psicológicamente.

"La vida ha dejado muchas marcas en la vida de Brigitte y prueba de eso, son sus cicatrices"

La vida ha dejado muchas marcas en la vida de Brigitte y prueba de eso, son sus cicatrices

Con él, Brigitte se hizo a una ley muy clara: sobrevive el más fuerte. No era capaz de abandonarlo, pero de un tiempo en adelante no se dejó pegar más. “Yo ya lo esperaba con lo que tuviera en la mano para darle, porque era él o era yo”. Para ella, fuerte era quien pegaba primero y no se dejaba del otro.

Para la década de los 90, Brigitte no soportó más la situación de violencia intrafamiliar de la que era víctima, además en Buenaventura era imposible quedarse porque para esa época empezó el auge de los grupos de autodefensa que atentaban principalmente contra las minorías (mujeres, niños, ancianos y comunidad LGBTI). Un día decidió ponerse otra vez ese traje de nómada, juró no volver al Puerto y emprendió una nueva aventura de la mano de su mejor amigo gay.

“A pesar de que todo lo que ha pasado Brigitte, esta mujer disfruta las cosas simples de la vida….Como maquillarse y reírse de que no tiene una ceja.”

A pesar de que todo lo que ha pasado Brigitte, esta mujer disfruta las cosas simples de la vida….Como maquillarse y reírse de que no tiene una ceja.

La felicidad de haberse ‘liberado’ no le duró mucho, pues a su compañero de rumbas y trabas, lo mataron en un lío amoroso. Fue así como aterrizó en Cali después de haber vivido unos meses en Barrancabermeja. Al cabo de un tiempo, dio con el paradero de su familia, y en un rancho de cartón, esterilla y piso de barro en La Casona, pasó los siguientes 2 años de su vida. Sin embargo, se dio cuenta que ya estaba acostumbrada a la soledad y vivir acompañada después de tanto tiempo, no fue una opción. Empezó a trabajar en un restaurante de la ciudad, y con lo que ganaba, logró empezar a pagarse una pieza en 4 esquinas. A pesar de su voluntad para llevar una vida sana, las drogas seguían siendo dueñas de la vida de Brigitte.

Aquí conoció de nuevo al amor. Él trabajaba para sostener a Brigitte, pero la mayor parte de las ganancias las invertía en droga y alcohol, por que sí: también era drogadicto. Ese hombre, que sobrio era un encanto de persona, se convertía en su segunda peor pesadilla cuando estaba borracho. Lo mismo que había vivido hacía años en Buenaventura, lo vivía en Cali en la época del apogeo de las rumbas en Juanchito hasta el amanecer.

Duró 12 años en esa situación, pero volvió a encontrar su límite, y esta vez lo que la impulsó a tratar de zafarse de esa vida no fue solo el cansancio de verse reflejada en su agresor como una persona violenta y agresiva, sino también un suceso trágico para cualquier mujer que anhela, en lo más profundo de sí misma, ser madre. El haber llevado durante 9 meses a una bebé en su vientre, pero no haber disfrutado ni siquiera 5 minutos con ella, la hizo aterrizar de algún modo. Esta experiencia le sirvió a Brigitte para tomar la decisión de comenzar una nueva vida en serio, para salir adelante dejando atrás las drogas y en general, esa vida loca y desordenada que había llevado hasta ese día, y que le había arrebatado la posibilidad de ser madre.

A veces, mientras habla, mira al horizonte y en él se pierde. Mira atrás, recuerda su historia y toma fuerzas para seguir adelante.

A veces, mientras habla, mira al horizonte y en él se pierde. Mira atrás, recuerda su historia y toma fuerzas para seguir adelante.

Su renacer… A medias

Consiguió trabajo en una casa donde la apoyaron tanto, que hasta el estudio le pagaron. Entró a un acelerado a terminar su primaria y validar su bachillerato, pero justo en esos días en que todo parecía estar bien, Brigitte sintió que ya era demasiado tarde. Su estómago empezó a hincharse de tal manera, que llegó al punto de parecer embarazada, aunque hacía más de un año no estaba con nadie. A esto se le sumaron unas hemorragias escandalosas, que no lo eran para ella, ya que venía de una familia en donde las mujeres sufrían de menorragia.

No quiso ponerle cuidado, sino hasta el día en que se levantó bañada en sangre, de pies a cabeza. Se hizo los exámenes, y cuando descubrió que tenía cáncer, casi se deshidrata de tanto llorar. “Yo sabía que esa era la cuenta de cobro que me estaba pasando la vida por haber sido tan loca y tan rebelde….Pero yo no me quería morir aún sin dar la batalla. Es que si hay que ser muy demalas en esta vida para pasar todo lo que yo pasé.”

Entre quimioterapias transcurrieron los siguientes 3 años de su vida. “Me sentía muy mal porque a pesar de todo lo que yo había vivido, sentirme una carga para los demás es de lo peor”. Su familia, a pesar de todos los tropiezos, nunca la abandonó. Se encargaron de ella como si fuera la niña de la casa y solo fue hasta el 2008, cuando le dijeron que había superado satisfactoriamente el cáncer que aquejaba su útero, que la empezaron a ‘soltar’. Sana y salva, Brigitte quedó a la deriva de la realidad. Su rutina de niña consentida que se robaba toda la atención, habría de desaparecer.

Fue duro volver a la realidad en donde una tiene que rebuscarse como vivir…Mientras estuve en el tratamiento fue fácil porque mis hermanos y mi mamá cargaban conmigo pa todo lado, pero cuando me recuperé, claro que las cosas iban a cambiar. Yo andaba por ahí, desparchada hablando con las amigas del barrio….Pero sentía la necesidad de hacer algo, porque el pasado de las drogas es algo que no me dejó sino hasta hace poquito, entonces en ese tiempo, como no tenía nada que hacer…La tentación estaba ahí”.

Ella tenía claro que al abismo de las drogas no quería volver, por eso mantenía con Gisella: una vieja y buena amiga de Brigitte que vendía arepas en un quiosco sobre toda la Av. Ciudad de Cali, cerca de Marroquín III. Brigitte pasaba todas sus tardes ahí, hablando con Gisella y su mamá, hasta que se hacía de noche y ya debían irse a la casa.

"La lectura ha sido uno de los aspectos fundamentales en su renacer"

La lectura ha sido uno de los aspectos fundamentales en su renacer

El Chotaduro, su segundo hogar

Gis, como le dice Brigitte de cariño, asistía a una reunión de mujeres en la Casa Cultural El Chontaduro, que quedaba cerca a su puesto de arepas. Tantas veces la invitó y tantas veces fue rechazada, que nunca le volvió a decir nada, hasta que fue la propia Brigitte la que le pidió que la llevara. “Yo a Gis la quiero tanto…Yo me acuerdo que ella me decía ‘Brigitte caminá vamos al Chontaduro, al menos para que te distraigás’…Y yo con esa pereza y esa desmotivación siempre le quedaba mal hasta que ella como que se aburrió y nunca me volvió a decir. Un día estaba hablando de algo, no me acuerdo de qué, con la mamá sobre el Chontaduro, y le dije: llevame pues…Ve, esa mujer se puso tan feliz que yo pensé como qué será lo tan bueno allá”.

La recibió Reina, una de las organizadoras de la Casa Cultural y maestra de ahí mismo. Ella dirigía el taller de poesía, y lo pirmero que hizo cuando vio a Brigitte, fue ponerla a escribir. A pesar de que había aprendido a hacerlo en el acelerado que había hecho, Brigitte no sabía cómo ni qué contar. “Cuando yo llegué aquí, Reina me puso dizque a escribir una poesía, pero yo estaba asustada porque imagínese que yo nunca había escrito nada lindo y bueno en mi vida! Yo estaba acostumbrada a los golpes y a las patadas, y así creía que era como se vivía, pero llego acá y lo primero que me dicen es ‘vea tiene que escribir un poema sobre el día mundial del agua’...”

Con tantos tropiezos acumulados, era obvio que esta mujer no se iba a dejar morir. Le pidió ayuda hasta a su sobrina que estaba en el colegio y cuando descubrió que el 70% del Planeta Tierra estaba compuesto por agua, encontró también la raíz de su poema. A todas las integrantes del grupo les gustó mucho lo que escribió Brigitte, pero hubo un comentario que, aún hoy después de 7 años, recuerda cómo se recuerdan esas cosas que marcan, porque rememoran hechos profundamente dolorosos y más trascendentes. “Diana, la pastusa, cogió mi papelito donde yo había escrito y dijo ‘ay y esta letra tan fea de quién es’…Yo me sentí tan mal, te cuento, como con miedo, con ese temor de hablar… ¡Fue horrible!.. Yo dije que era el mío, pero por dentro me moría de la vergüenza y del miedo…Siempre pensé que no lo había hecho bien a pesar de que las demás compañeras me dijeron cosas lindas”.

Así empezó su transformación. Se dio a conocer en El Chontaduro, empezó a ir frecuentemente hasta que este lugar se volvió en su puerta de escape y gracias a la espontaneidad que la caracteriza, las coordinadoras de la Casa Cultural siempre la tuvieron presente para todo.

En el mes de la mujer en el 2008, Vicenta, la coordinadora de la Casa Cultural, reunió a todos los integrantes y les comentó que en un evento comunal iban a hacerles un homenaje a las adultas mayores. “A mí me invitaron pero yo decía que nuuu, que miedo, yo no…Pero bueno, me tocó el personaje de la mujer que mantiene en rumbas y así toda loca…Pues a mí no se me hizo complicado pues por todo…Cuando me fui a presentar el corazón se me quería como salir”.


Desde esa vez, Brigitte no salió del Chontaduro. Ahí, como ella lo ha dicho, descubrió una parte nueva de su ser. Las ganas que tiene de aprender, a pocas personas se las he visto y resultan admirables en una mujer de 51 años. Ha explotado tanto su aptitud para la música y la composición, que ya piensa grabar la canción con la que la conocí. Mientras tanto, va por ahí dando muestras de su talento, retratando con su voz la historia que lleva detrás: desde sus costumbres arraigadas al Pacífico, hasta sus experiencias personales y su manera de ver la vida.

En el canto, Brigitte empezó empíricamente porque en él encontró una forma de expresión. Hoy en día estudia para sacar adelante muchas de las letras que reposan en su libreta de apuntes”

En el canto, Brigitte empezó empíricamente porque en él encontró una forma de expresión. Hoy en día estudia para sacar adelante muchas de las letras que reposan en su libreta de apuntes

La nueva Brigitte

“Paz” es poder resurgir. Recuperar la confianza. Tener esperanza en un mañana mejor. Poder expresarse libremente sin miedo a ser juzgada. Paz es actuar con bondad y solidaridad, aún en un mundo que se empeña en el individualismo y egoísmo.

Por eso, mientras Brigitte me hablaba de su experiencia en la Casa Cultural, a mí se me pasaba por la cabeza la loca idea de que esta organización construye paz. Y digo loca, porque como están las cosas en este país, mencionar esa palabra con una connotación positiva, es echarse de enemigo a cierto bando, y si es con una connotación negativa, a otro. A sabiendas de que “paz” es mucho más que el fin del conflicto y nos urge la despolitización de esa palabra para alcanzar todo lo que ella misma encierra.

El tiempo se nos pasó volando, pero lo mejor de ese día, fue la capacidad de Brigitte para contar su historia con esa firmeza de quien no se arrepiente de nada pero también de quien ha aprendido tanto, que no volvería a tomar el mismo camino. Me fascinó esa facilidad de abrirse conmigo, aun siendo una desconocida…Cuando se lo hice saber, rápidamente me respondió que de un tiempo para acá, lo hacía cuantas veces pudiera y en donde fuera, para decirle a esas mujeres que sufren en silencio, que no son las únicas y sobre todo, que sí es posible dejar atrás sucesos negativos y dañinos.

“Aunque su tono de voz da la impresión de una mujer enojada, en Brigitte ahora sólo vive la pasión y la ternura con que enfrenta la vida diariamente.”

Aunque su tono de voz da la impresión de una mujer enojada, en Brigitte ahora sólo vive la pasión y la ternura con que enfrenta la vida diariamente.

Paz también es contar la experiencia propia, para ser referente de cosas positivas.

Brigitte tiene una capacidad innata de dejar huella positiva en todas las personas a las que llega

Brigitte tiene una capacidad innata de dejar huella positiva en todas las personas a las que llega…

Ahora Brigitte se dedica a estudiar inglés, artes plásticas y asiste a la escuela de formación Sociopolítica de la Casa Cultural El Chontaduro. Además, está muy juiciosa estudiando técnica vocal en la Fundación Carvajal con sede en La Casona y ahí mismo está preparando la grabación de su primer sencillo….Les dejo la versión que tuve la oportunidad de escuchar en vivo, el día del Foro: esa con la que me deslumbró y despertó las ganas de hablarle para terminar en este texto.

Al mirarla, se le nota la pasión y la intensidad con la que vive cada instante y todo lo que hace.

Al mirarla, se le nota la pasión y la intensidad con la que vive cada instante y todo lo que hace.

Y la ñapa, no menos importante… Habla la voz de la experiencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas entradas