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La intimidad de Cali con la música electrónica: David Guetta estuvo aquí

Ene 12, 2018 Últimas Noticias

Las fiestas electrónicas en Santiago de Cali son el escenario que recoge a una comunidad que, por cultura, degusta finamente las melodías producidas a través de consolas que podrían parecerle complejas a cualquier mortal.

Las críticas no se hacen esperar, pues, para los oídos de la pelotera educada y no educada, lo que producen los tales DJs no es más que ruido.

Lo único cierto es que para poder comprender la complejidad de todo lo que acarrea el sonido medido y explorado en todas sus dimensiones dentro de cada mezcla de las pistas de los, ya aclamados, Disc Jokeys a nivel mundial, se debe asistir a estas fiestas, a la vez que se deben agudizar los sentidos con horas enteras de identificación de los diferentes estilos y sub-géneros dentro de la electrónica.

Con más de cien subgéneros como el Electro House, el Trance, el Progressive, el Minimal y el Dubstep, la electrónica es un género joven, pero que disfruta de una proyección que puede sobrepasar las expectativas de la humanidad con facilidad, gracias a tener su inspiración, en la mayoría de casos, en el folclor que cada cultura del planeta ha creado como plataforma de sus expresiones más sentidas. La electrónica será, tal vez, el género que será soportado por la música mundial para ser codificada en un lenguaje global a través de los sonidos.

Científicamente, la Doctora Valorie Salimpoor, junto a su equipo de investigación de la Universidad McGill en Montreal, Canadá, argumenta que la música puede producir el mismo placer en las personas como lo haría su comida favorita, o incluso las drogas. El cuerpo humano incrementa hasta un 21% los niveles de dopamina al encontrar placentera una canción. Basta recalcar que la Doctora canadiense basó su estudio en melodías sin letra para así poder analizar con objetividad la reacción neurológica a los sonidos y no a las palabras que puedan contener las canciones.

La ciencia lo garantiza, los oyentes lo predican: la música genera placer. La electrónica genera placer, independientemente de quién sea el individuo.

La historia que se liga a esta introducción data de un veintinueve de diciembre del dos mil diecisiete a la una y cuarentaicinco de la mañana. Se subía a la cima de un montaje de pantallas, luces robotizadas, fuego y serpentina quien sería uno de los productores de electrónica más reconocidos a nivel global: el francés David Guetta.

Al Centro de Eventos Valle del Pacífico parecía no caberle otra alma, al menos en lo zona de calor, donde los cuerpos se mezclan y hacen una masa consistente de adrenalina y alabanza a quien está justo frente a ellos.

Grita: “Cali! It has spent nine years. I missed you”. La gente enloquece. Con mucha seguridad, gran parte de los asistentes sólo habrán entendido el llamado primitivo y abrumador a la Sucursal del Cielo, pero los sumos arriba no eran gracias a las palabras, sino a quien las decía.

Hace nueve años, cuando Guetta había pisado tierras caleñas por última vez, su éxito apenas estaba retoñando, asomándose levemente a las ventanas de la fama con su sencillo ‘Love is gone’, que formaba parte de su tercer álbum: Pop Life. Visitar una ciudad colombiana que aún estaba sumida en el terror de la inseguridad, que en ese mismo año tuvo uno de los atentados más fuertes en Colombia de lo que lleva este siglo, al haberse destruido un Palacio de Justicia entero gracias a un carrobomba instalado por la que fue la guerrilla más antigua de América, las FARC-EP; que justo un año antes, el mismo grupo subversivo había hecho pedazos el Comando de la Policía Metropolitana de Cali con la misma metodología, podía haber sido un riesgo que una promesa de la música mundial con justa razón no iba a correr. Pero para sorpresa de todos, él estuvo aquí, cumpliéndole a una fanaticada de la electrónica que ya se hacía sentir sobre este Valle de desventuras y penumbras cobijadas por la belleza y el calor acogedor. Fue más fuerte el vínculo que unía a los caleños y a David Guetta en un mar de sonidos digitales que prometen bienestar, esperanza y, algunas veces, felicidad.

El DJ más pop de todos, y tal vez el único de éstos productores que puede alardear con tranquilidad de haber trabajado con Fergie, Will.i.am y los demás integrantes de Black Eyed Peas, LMFAO, Jessie J, Akon, Rihanna, Chris Willis, 50 Cent, Kelly Rowland, Kid Cudi, Lil Wayne, Kylie Minogue, Madonna, Britney Spears, Kelis, Lady Gaga, Sia, Nicki Minaj, Zara Larsson, Flo Rida, Usher, y algunos otros que se omiten para no hacer de este artículo uno de sólo nombres.

Dentro de la cultura electro, se encuentran opiniones divididas respecto al trabajo altamente mediático y comercial de un pincha discos nacido en los clubes nocturnos parisinos. No obstante, si existe alguien atrevido que se digne a desconocer el amplio bagaje en la producción musical de Guetta con base en el Electronic Dance Music, o EDM, sus razones probablemente estén sustentadas en el desprecio y la ignorancia de la vida de quienes la viven para regalarle sentidos a millones de personas a través de beats bien articulados sobre lo que la lingüística de Saussure le llamaría linealidad.

Guetta, como muchos otros, entró con empeño a la vista del mundo a través de un género subestimado y siempre relacionado a los malos hábitos y a los excesos de la fiesta. Los DJs eran los trabajadores anónimos, detrás de paredes y sin reconocimiento alguno, que le daban respiro y latidos al frenetismo del baile y la seducción en las discotecas europeas; pero el francés tuvo una perspectiva diferente, compartida por el resto de sus colegas y avalada por los espectáculos electrónicos que ya se gozaban en Londres desde los inicios de los 90. El DJ también es un artista.

50 años y ahí parado, sonriendo y animando a un público latino que suele moverse más al ritmo de la salsa y el reggaetón, pero que se alteró con cada introducción de sus incontables éxitos dentro de un set que duró cerca de una hora y media. ‘I gotta feeling’, ‘Titanium’, ‘Without you’, ‘When love takes over’, ‘2U’, ‘Love is gone’ y ‘Sexy Bitch’, por hacer la tarea inconclusa de nombrar algunas canciones, fueron las pistas que no se hicieron desear en aquél sitio donde el éxtasis se apoderaba de las neuronas de unos ocho mil asistentes. Fue generoso al incluir dentro de su mezcla el éxito de nuestro compatriota J Balvin junto al suyo, Willy William: ‘Mi gente’. Además del ‘BUM BUM TAM TAM’ brasileño que ha estado rodando por el mundo sin necesidad de excusa.

Cerrar los ojos, enfocar la atención en la melodía que el DJ se está esforzando en hacer realidad, sentir cómo la piel se eriza a la vez que las sonrisas se van escapando sin premeditación en el rostro que ahora sólo cumple a los estímulos de sonidos medios, dulces y ácidos que pueden llegar, incluso, a humedecer la boca. Levantar las manos a un compás que ha logrado conectar el tempo de la música con el correr de la sangre por todo el cuerpo, acariciar el viento con ternura, dando toques agresivos al transitar por un espacio ya no identificado y soltar la cadera a lo que cantan los bajos, mientras se replica la sensualidad de un péndulo que ha olvidado la rigidez del tiempo. Clavar los pies a una solidez que ya no define sus coordenadas y viajar a través de la nubosidad que incita el ritmo a la imaginación, volteando el mundo sin prestarle mucha atención a una gravedad que todo lo deja caer.

Compartir aquella dicha con una comunidad que logra la misma conexión, sin poder asegurar que el viaje sea dirigido por el mismo cielo, ni al mismo destino. Esa es la dicha del DJ y la razón principal de su disposición a millones de personas que sólo quieren que su toque no escatime en creatividad y armonía.

No ha sido Guetta el único que enciende a Cali. De hecho, esa misma noche tuvo otros reyes sin corona como DJ Fronter, Moska y Sunministers. Además, aquella noche no ha sido la única noche. Nicky Romero, Marco Carola, Tiësto, Mauro Picotto y Steve Aoki han sido unos de los muchos nombres que han tenido los carteles de eventos en la Sultana del Valle. Cali late al ritmo de la electrónica semana a semana, gracias a cómplices como Sonido Central y Eliptica, sin dejar a un lado al legendario Club Mission y otras discotecas intermitentes frente a esta pasión como Living Club. Una de las partes del mestizaje convulsionado que hace a Cali ama la electrónica.

Estamos ante un público caleño que ya aparta una gran cultura frente al género y que no tiene pensado menguar ante la complejidad de un comercio musical incierto. Amantes de la magia que es capaz de realizarse en una consola, porque es el instrumento que apresura las emociones celestiales que nada más pueden considerarse en una sucursal como esta, la Sucursal del Cielo.

 

Por Christian Lozano López

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